El Triple Play: LyFC, El Gobierno y La Iniciativa Privada Martes, dic 15 2009 

El Triple Play: LyFC, El Gobierno y La Iniciativa Privada

 

El presente escrito tiene como propósito reflexionar sobre algunos aspectos del complicado clima que existe en México en su sector energético y de telecomunicaciones. Quiero hacer aquí la precisión que la participación de los medios de comunicación ha propiciado un halo de dramatismo que da lugar a cualquier expresión de exacerbación, fetichización y alarma. Otra de las precisiones que hago antes de entrar de lleno al tema es decir que para el publico, usuarios más comunes los consumidores finales y sociedad civil en general, es necesario contar con varias opiniones, asumir las cosas con sobriedad y critica; que no nos conduzca a acciones desesperadas ni a creer fielmente en el orador, politiquero o líder de opinión publica o mediática que se nos presente y pretenda ser nuestro gurú, que ayudará a enfrentarnos a las amargas y dramáticas situaciones que acontecen y son exacerbadas por negocio mediático de alguno de los grandes grupos.

 

Es de entenderse que todo este asunto de LyFC y la ahora tan mentada competencia en telecomunicaciones tienen niveles, esta estratificada y la información a la cual podemos acceder es un tanto desorganizada y confusa. Todos toman parte de uno u otro bando, todos creen verse agredidos profundamente por algo que vio en TV o escucho en radio o bien leyó en el diario de su preferencia. Hay que tener cuidado de no ser arrastrados por el comentario del especialista o “del que sabe”, siempre hay que guardar una posición de duda y reserva, saber que opinan los demás. Finalmente si esto se trata de bandos, los que salimos perdiendo siempre somos nosotros, lo que leemos éstas líneas, la sociedad civil, el publico más común, aquel que no tiene el gran capital, ni es empresario “exitoso” en los términos del mercado y la doctrina neoliberal.

 

En México existen rezagos y asuntos estratégicos sin concluir desde hace al menos 27 años. Las transformaciones de las estructuras políticas y de gobierno, introdujeron a México en un complejo debate sobre la reformulación del Estado, claro que es necesario cerrar ciclos y situaciones del pasado, para un mejor futuro, pero esa expresión de “futuro” debe de ir acompaña de un mejor futuro juntos, no de un mejor desarrollo económico en el futuro, pues nunca queda claro el desarrollo de quien, pues, al menos de la sociedad civil en su conjunto no lo ha sido desde la década de los ochenta. Entre uno de tantos rezagos esta el tema estratégico ,por cierto, de la energía, a estas alturas de la modernidad es claro el papel que juega la energía, la generación y distribución de la misma; aunado a ello están las telecomunicaciones, que le otorgan su carácter esencial a la coyuntura histórica que vivimos, la cual se le puede llamar globalización.

 

Ambos son un tema muy interesante e importante para todos los estratos involucrados. Para las empresas y el capital es un bastión importantísimo pues representa un negocio redituable, de primera necesidad y con un futuro igualmente luminoso e imprescindible, el hacerse de un espacio en el corpus de este fenómeno es de primera necesidad. Desafortunadamente los que menos tienen ingerencia en las decisiones sustanciales, al menos en México, es la sociedad civil, los ciudadanos comunes. Las grandes decisiones le corresponden a un conjunto de plumas clave y seres oscuros. La información y los actos que en la cúspide de la pirámide se generan, tardan en llegar y ser conocidos por todos. Se esperaría y es aquí el momento coyuntural y clave del actual gobierno del presidente Felipe Calderón, para realmente obrar como se tiene que obrar, con equidad y principal atención al ciudadano común-usuario final, que se vea favorecida la sociedad, no únicamente la sociedad capital, que en las ultimas décadas ha sido la principal beneficiaria.

 

Las conclusiones y opiniones más profundas y dramáticas que podamos encontraros hoy son todas ellas prematuras, aquí hay un asunto que es muy grande, complejo; esta tomando su curso, lo más usual que se puede hacer aquí es especular, pero no es malo el hacerlo, siempre y cuando cumpla con ciertos aspecto, entre ellos: moderación y no busque exacerbar de manera absurda y alarmista al que lo lea. La desaparición de la paraestatal (LyFC) y su sindicato (SME) no es un tema que fuese nuevo y que los trabajadores y administrativos de la empresa fueran ajenos a ello. En repetidas ocasiones durante varios años se hablo de la necesidad de acabar con la paraestatal y terminar con los privilegios del sindicato –léase con los abusos de sus lideres y personajes más oscuros, no con el trabajador más sencillo que gana lo básico- lo que siempre estuvo presente y no sólo con el SME fue en terminar con los abusos y que se apegaran a las directrices técnicas y administrativas. Cosa que por largo tiempo no fue así, y no por que fuese de su inmediata ingerencia, aquí los malos no son los trabajadores, son los líderes del sindicato y las autoridades a nivel federal y administrativo que tuvieron parte en todo esto y por una u otra razón secreta, velada o entre despachos no se llevo acabo como se debió. Fue un bastión político para los corruptos: gobernantes, políticos, empresariado, partidos políticos de toda extracción y de toda ideología. El mercado electoral y de partidos políticos siempre estuvo presente durante toda la existencia de la paraestatal.

 

Se desapareció esa empresa no sólo por la mentada “eficiencia” y lo oneroso que era mantenerla, no, hubo una serie de razones desde las más legitimas hasta las más oscuras –claro esas no figuran para la opinión publica, hay que mantenerlas en un perfil muy bajo- para hacerlo. Obvio los que siempre quedaran más expuestos serán los sindicatos, y que gracias a la doctrina neoliberal que ha ayudado a caracterizarlos dentro de la opinión publica como un mal mayor que hay que desaparecer, éstos no cuentan con la completa aprobación o simpatía de la población y mucho menos de las empresas, les imponen aun rastros de compromiso social. Pero lo que esta mal no es el sindicalismo, sino sus dirigentes corruptos, las practicas charras y las practicas ilegales que hay al interior de ellos. Ojo no porque tengan procedimientos democráticos en lo teórico, en cuanto a formas y modos en la superficie, lo sean al interior, buen ejemplo de eso es la democracia que vive México en la actualidad.

 

Hay que tener en cuenta que aun le restan tres años de gobierno, al presidente en funciones y a toda su camarilla de amigos y gente de primer orden que operan el sistema político del cual somos receptores de sus políticas publicas y movimientos más audaces. Tres años que no están exentos de escándalo, de rivalidades, de presiones electorales y negocios para retirarse de forma más que decorosa a la vida pospresidencial. No es difícil imaginarse que el presidente necesita hacer sus cambios y tomar sus previsiones para llevar acabo su agenda política, que no necesariamente ésta empata con la agenda social de los ciudadanos y mucho me temo que convive mejor con la agenda empresarial y de negocios.

 

A lo anterior hay que sumar un momento coyuntural que vive México y es la adaptación e incursión a las nuevas tecnologías, afines todas ellas a los temas energéticos y de telecomunicaciones, México necesita sujetarse, profesionalizarse y otorgar mejores garantías de operación y desarrollo tanto técnica como principalmente administrativamente. Es en éste particular punto donde éste país vive sus peores carencias, en el desempeño administrativo, en el servicio publico que muy pocos se toman enserio y los marcos regulatorios y acuerdos son más un bonito referente de lo que debería de ser y hasta donde renegociar y hacer flexible los marcos legales, administrativos, las acciones del gobierno, del capital y la sociedad civil. Estos dos últimos no son una misma cosa. El capital opera bajo otras prioridades menos éticas y morales.

 

No hablo de que México no tenga capacidad para producir energía o no tenga tecnología, o pueda operarla, eso esta ahí y es posible. Muestra de ello es el triple play y la competencia que sostienen varias empresas por la licitación de fibra óptica de CFE para transmitir video, audio y datos. La capacidad esta probada, el problema son las condiciones, el marco jurídico y las reglamentaciones con las cuales se operaría en este sentido. El aspecto administrativo, político y comercial es el principal problema, no así la capacidad técnica u operativa del sector. México no ha sabido adaptar estas dos cosas. Es un momento en el que se deben hacer readecuaciones, integrar tecnologías y propiciar condiciones de desarrollo social en términos generales, no sólo de empresas y mercados. De este asunto se han agarrado los defensores y sindicaleros del SME, además de intelectuales. Que todo éste asunto tiene que ver con el negocio de la fibra óptica, no es verdad, aquí hay matices, claro que es uno de los puntos que mayor atención merece de todos los sectores, claro que si, pero LyFC no desapareció únicamente por eso.

 

Desafortunadamente las tecnologías de punta son manejadas por cuasi monopolios, la envergadura de este asunto y las practicas históricas al respecto, sólo dejan lugar a los grandes para disputarse éstas, entre países y entre regiones del mundo el tema de los cuasi monopolios que buscan constantemente asegurar la acumulación de capital, llevan acabo una serie de practicas políticas, de cabildeo y disuasión muy turbias, los gobiernos y políticos siempre están involucrados, ofrecen protección, esto no es un tema nuevo, así funciona la economía-mundo capitalista. Sistema que opera de una manera muy poco equitativa, no es tan legal como se esperaría que fuera y claro el beneficio de todo esto no es para los ciudadanos comunes.

 

Claro algún beneficio reciben, pero son dimensiones muy distintas entre los beneficios que percibe el usuario común y las que percibe la gran empresa y los gobernantes. Ambos liquidadores del Estado-social como lo conocimos en décadas pasadas se enfrenta hoy a una reconfiguración que no queda claro cómo llevarla acabo, sin embargo entre el caos, los combates y las opiniones contrapuestas hay ganancias y acuerdos entre los hombres del dinero y los gobiernos en turno. Aun falta mucho por ver, el gobierno del empleo, las oportunidades y el combate a la pobreza tiene formas ridículas y populistas como de las que acusan a sus detractores, con las que actúan. Aun creen que la vieja retórica derecha-izquierda les dará legitimidad y los sacara del problema en el que están metidos, esos son sólo llamaradas de petate. En efecto, hay que terminar con muchas expresiones nefastas y parasitarias de las empresas paraestatales, hacerlas eficientes, que operen apropiadamente, que remuneren a su burocracia y permitan una forma de vida digna. La empresa paraestatal es vital y necesaria para el Estado, pues ésta tiene un propósito distinto y útil; diferente al de la empresa privada, las lógicas de operación y resultados no son las mismas. Pero siempre es posible readecuar y reestructurarlas. La empresa pública tiene un compromiso social, la empresa privada no, pocas veces esta obligada a cumplir con ello.

 

No es justo decir, para todos esos entusiastas del libre mercado, amantes de los corporativos y el capital más rampante, de la tecnocracia en su conjunto, decir que no se necesita Estado, empresa pública, burocracia, etc.… pues de todas ellas, se han servido los empresarios, los corporativos y las grandes firmas. Es ridículo pensar en un libre mercado, nunca ha existido tal cosa, es sólo una expresión que busca justificar ciertas prácticas y hacerlas pasar como legitimas frente a la opinión publica. Hay que trabajar en forma conjunta, hacer al capital responsable socialmente, hacer a la burocracia y a los políticos, representantes auténticos del servicio público. Es necesario que la sociedad civil no sea pasional y quiera extinguir violentamente lo que no le agrade o le hagan creer que va en contra de su persona.

 

El Estado mexicano debe cambiar, pero no es responsabilidad exclusiva de unos, es de forma conjunta. Todos los estratos deben de transformarse y ser trastocados, no continuar con el absurdo de la ganancia, de ese pragmatismo individualista, utilitario de corto plazo. Los individuos deben reconocerse como parte de una sociedad, no como agentes reducidos a su expresión más economicista y fetichizada.

 

INKEAN DEAN  Invierno de 2009

(DAHC)

 

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Segunda Parte

No cabe duda que la DDR tuvo como principal protagonista de su progreso el desarrollo industrial. La introducción de planes quinquenales durante los primeros años para colectivizar la agricultura, establecer cooperativas de producción (VEBs), y nacionalizar las industrias de producción en sectores estratégicos, se hizo a los ritmos de productividad que establecía el SED, es decir, a través de lo que calculaba el partido único en los planes quinquenales. En ellos se planificaban las cuotas físicas de producto y las cantidades específicas de trabajo que cada industria debía emplear. Para el periodo de 1959 a 1965, el SED ajustó sus objetivos e introdujo un plan a siete años. Este nuevo plan aspiraba alcanzar la producción per cápita de la Alemania capitalista para finales de 1961, lanzar mayores cuotas de producción, mediante un incremento de 85% en la productividad laboral (superior a la meta de productividad que se había estipulado en los planes de años anteriores). Con el aumento en el ritmo de los niveles de trabajo la migración hacia la Alemania capitalista, y hacia otras partes de Europa creció de nuevo: Un total de 143.000 personas en 1959 y 199.000 en 1960. La mayoría de los emigrantes eran trabajadores de cuello blanco, y el 50% eran menores de 25 años. Para el periodo 1949-1961 la huída de trabajadores excedía un total de 2,5 millones. Si el objetivo de la DDR era un incremento progresivo de la productividad industrial, que sin duda se basaba en una fuerza laboral activa y joven, entonces no se podía permitir que esta estuviera en un continuo éxodo hacia la parte capitalista. La perdida de competitividad económica de un Estado Socialista, en el marco de la guerra fría, era inadmisible para la ideología comunista europea de aquellos años. La respuesta a esto fue la construcción de un muro. En 1961 disfrazando la iniciativa como un mecanismo de defensa contra los “ataques” del capitalismo, se erigió en toda la frontera entre el lado oriental y occidental el muro de hormigón reforzado en su interior con alambres de púas, clavos, minas de tierra, flechas, perros y torres de vigilancia con soldados de la STASI. Este mismo mecanismo se aplicó en la ciudad de Berlín. De esta forma la gobernabilidad política y la estabilidad económica se garantizaban durante el siguiente periodo de veintitantos años. A partir de ese momento el control sobre las decisiones individuales de los ciudadanos se acrecentó. La STASI, como organismo de inteligencia y seguridad fue el principal protagonista de la gobernabilidad y los mecanismos represivos de esta regían la vida cotidiana de las personas. Se había así, sacrificado la libertad individual de la comunidad por el progreso económico en una forma que el socialismo teórico, aquel de Marx, Engels y cía., nunca quizá hubiesen deseado, a pesar del carácter ultraprogresista y materialista de ambos. A partir de esas decisiones el rumbo del SED como partido único se transformó. Lo que alguna vez había funcionado mas-menos de forma “democrática”, en el sentido de que en sus inicios (e inclusive en esos momentos) los organismos del SED abarcaban una amplia gama de organizaciones que iban desde los sindicatos libres de trabajadores, los campesinos, las juventudes libres, y pasando inclusive por las organizaciones cristianas y liberales, ahora se transformaba en mecanismos autoritarios y poco incluyentes explicados en mayor medida por un panorama de miedo al “triunfo capitalista” que poco a poco invadía las mentes de los camaradas socialistas. Los pocos logros alcanzados en los terrenos social e individual como el desarrollo de una nueva concepción del trabajo, la camaradería y los valores de desarrollo a la comunidad fueron opacados por la necesidad irrestricta de gobernabilidad y la necesidad de preservar lo que en términos de productividad industrial se había logrado durante los 40 años anteriores.  

Una vez entrando en los años 80 la creciente deuda externa de la DDR llevó a la crisis que acabaría con el colapso del régimen del SED. La deuda con Occidente continuó creciendo a lo largo de la década hasta sobrepasar los 40 billones de marcos: Una suma no astronómica en términos absolutos (el PIB de la DDR era de unos 250 billones de marcos) pero mucho mayor en relación a la capacidad de la DDR para exportar suficientes bienes al Oeste como para conseguir la divisa fuerte que pagase la deuda. A parte de esto, el régimen internamente ya no era fuerte, es decir, ya no era prestigioso. Las segundas generaciones de habitantes, principalmente jóvenes veían como su país era dirigido por una elite política cerrada, anciana, corrupta y represora. 
Eric Honecker, el nuevo dirigente del partido, enfatizó un rígido centralismo dentro de las filas del Partido, subrayando que el curso general tomado por el SED era la unidad de la política social y económica de Alemania Oriental en el frente interno y su absoluto alineamiento con la Unión Soviética en el frente exterior. De acuerdo con el pronunciamiento último, el SED aprobó la intervención soviética en Afganistán, aun cuando esto significó que la DDR quedase diferenciada de la posición tomada por otros comunistas, un tanto menos rígidos y más críticos de los soviéticos como los yugoslavos, rumanos e italianos, que se opusieron tajantemente a la acción de la URSS en el país árabe.
El Comité Central del SED, que durante los años 60 había sido un órgano consultivo, fue reducido a la función de aclamador durante el 10º Congreso del Partido. El Politburó y el Secretariado permanecieron en su mayor parte sin cambios. Aparte de los acuerdos políticos, el Congreso analizó el nuevo Plan Quinquenal (1981-1985), llamando nuevamente a una mayor productividad, más uso eficiente de los recursos materiales, y productos de mejor calidad. Estos planes ya tenían poca credibilidad, además de que en algunas esferas de tecnócratas dirigentes se había apostado por tener una “orientación” de dichos planes hacia la ganancia y el mercado. Cosa inadmisible e inaceptable para la rigidez con la que el comunismo soviético se había levantado en la posguerra.

El fin llego en el marco de la celebración de los 40 años de la DDR (DDR 40 JAHRE). La perestroika anunciada desde Moscú fue una de las gotas que derramó el vaso. La otra: una presión popular imparable; Desde Leipzig hasta Berlín miles de personas habían salido a las calles a reclamar garantías básicas: Libertad de expresión. El resultado fue inevitable: Los dirigentes de la DDR se cuadraron con lo propuesto al ver que los problemas de legitimidad y económicos los superaban por mucho y declararon la apertura de fronteras. El resto fue el progresivo desmantelamiento de un aparato burocrático rígido. La noche fue celebración. El muro se había derribado. Se cuenta que del lado de Berlín capitalista, como regalo de bienvenida para los “reprimidos” socialistas, los restaurantes regalaban cerveza. Lo mismo hizo el canciller alemán: Regalo 100 marcos a cada ciudadano como bienvenida. A ojos de todo mundo el capitalismo había triunfado. De ahora en adelante el mundo aprendería a vivir en libertad y en democracia. Las bondades del mercado le serían repartidas a todo mundo, y la riqueza y prosperidad ya no tendrían contra quien competir…Todos sabemos que esto nunca fue, y nunca ha sido así…Sobra decir toda la miseria, hambre, mentira, corrupción, abuso, y vejación que el capitalismo ha causado en los espacios nacionales disfrazado de mascaras de igualdad, fraternidad y legalidad. 
El socialismo europeo no cayó porque el capitalismo le demostrara ser irremediablemente mejor, aunque en apariencia así haya parecido en los primeros años; Habría que preguntarse si la huída hacía la Alemania capitalista tenía más que ver con un deseo de libertad que con un convencimiento claro de que en el otro lado se encontraría la oportunidad soñada (Cabe recordar que las habilidades del trabajo desarrolladas por un individuo bajo un régimen socialista, inclusive las carreras profesionales y los oficios, son diametralmente opuestos a los desarrollados y realizados en una economía de mercado. Inclusive, uno de los estragos mas difíciles que la unificación le trajo a Alemania fue la inserción en el mercado laboral de la fuerza de trabajo socialista: Al día de hoy las regiones mas azotadas por el desempleo en el país son las ubicadas en la otrora parte socialista, y por mucho estas no han logrado recuperar sus niveles de empleo y productividad que tenían cuando eran parte de la DDR. En ese sentido los una vez ciudadanos de la DDR se preguntan ahora si realmente están mejor en un régimen de mercado laboral como el alemán. El debate sigue estando abierto y no cabe duda que a Alemania le sigue costando millones de euros la reunificación) Si pudiésemos establecer una serie de aspectos del porque efectivamente de la caída de la DDR y en general del comunismo europeo podríamos decir que por su intolerancia hacia la diversidad, la critica y la disidencia, por la creencia de que un partido único era el rumbo político que se tenia que seguir como mecanismo de representación de los intereses populares, y por anteponer el objetivo económico-material como el único viable para la realización humana y personal, por solo mencionar algunos. En ese sentido el socialismo “realmente existente” de aquella época se quedo corto. Despreció el pasado en aras del progreso industrial basado en una concepción economicista de las relaciones humanas; en aras de creer que el desarrollo intelectual y espiritual de la sociedad solo era único con un desarrollo material.  

Todavía se llegan a escuchar por ahí, de algunos románticos del socialismo, argumentos de subestimación de por ejemplo los aspectos más tradicionales de la sociedad. Los asuntos religiosos son vistos con desdén por creer que estos no tienen nada que aportarle a la humanidad. El lema “la religión es el opio de los pueblos” fue un tema que el socialismo de aquellas épocas pareció enarbolar con cobijo y que tristemente muchos ahora adoptan como suyo. No hay razón para pensar que en aras de un progreso material se tenga que aplastar con todo lo tradicional. No hay razón para descreditar a las ideas religiosas con el fin de que el Estado tenga que construir una nueva e inmaculada conciencia ajena a influencias “externas” y “nocivas”. No hay razón para seguir pensando que el fin justifica los medios. Esta misma mentalidad es la el socialismo y muchos de sus intelectuales criticaron del capitalismo; el hecho de barrer con lo tradicional e instaurar nuevas instituciones en aras de la acumulación irrestricta de ganancia. Por desgracia el socialismo que se construyó en Europa, específicamente el que emano de la revolución bolchevique tuvo esos tintes de progresismo arrollador, y en muchos lados, excluyente. Si bien todo es relativo y siempre existen bemoles, el principio básico sobre el cual muchos Estados construyeron sus cimientos fue desarrollar una nueva mentalidad a partir de la eliminación de todo lo previo. En ese sentido ni el capitalismo ni el socialismo pudieron escapar al progresismo y cientifismo del cual esta modernidad en la que estamos insertos es su madre más preciosa. Después del ascenso de la modernidad a finales del siglo XVIII no se han desarrollado nuevas mentalidades ni nuevos paradigmas; todo lo que se ha originado son solo especies de refritos y readecuaciones de los paradigmas de progreso y cientifismo que una vez se alzaron victoriosos sobre una era feudal decadente. En ese sentido los Estados Nacionales y sus formas de organización económica solo han sido readecuaciones y reformas apegados a estos paradigmas. La creación de uno nuevo es una cuestión compleja que solo obedece al proceso histórico-social, sin embargo es fundamental poner en claro lo anterior.

THE MAN IN BLACK

http://conspiracioncritica.blogspot.com/ Invierno 2009

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